Cetáceos en cautiverio: problemas de una vida en cautividad

El océano, ese gran desconocido y misterioso para la humanidad y, a la vez, tan atractivo que a muchos nos llama, nos cautiva y nos seduce, es el hogar de millones de criaturas entre ellas los delfines, seres inteligentes y emocionales que interactúan entre ellos y su medio viviendo libres.

La vida y la libertad de los delfines se ve truncada cuando algunas personas los capturan separándoles de sus familias y privándoles de la libertad, para entrar a formar parte de una industria que lucra a empresarios (pues mueve miles de millones de dólares) y en la que estos animales han de trabajar para ganarse el sustento, esclavizados así y convertidos en payasos de shows y espectáculos para el deleite y disfrute de personas. 

Tal como dijo Ric O’Barry, fundador de «The Dolphin Project»

Los espectáculos con delfines son tan educativos sobre los delfines como es Mickey Mouse sobre los ratones reales.

Delfines en cautiverio

Gracias a la mesa redonda organizada por “Associació cetàcea” en noviembre del 2021, Océanos de vida libre tuvo la oportunidad de poder estar y hablar con Albert López, el que fuera el entrenador de la orca Ulises en Barcelona, y David Perpiñán, veterinario y doctor en sanidad animal y consultor científico de la Foundation Franz Weber.

 

Albert López.
David Perpiñan

Fue en esta charla donde supimos que además de lo que representa para los animales vivir en un zoo, algún que otro entrenador de delfines maltrataba a estos animales. Claro ejemplo el de Jose Luis Barbero que, tras 30 años de profesión y maltrato, acabó suicidándose por la presión social a la que se vió sometido por cometer tan deplorables hazañas, nos contaban David y Albert, quienes habían visto y presenciado algún que otro momento este tipo de actos por parte de Jose Luis hacia sus delfines.

Hoy en día existen más de 3000 cetáceos en cautividad en todo el mundo. La industria del cautiverio oculta información sobre capturas y el estado de salud, física y mental, de estos animales con el fin de engañar al público en general que, con su aporte económico, sólo engrosan el bolsillo de empresarios sin escrúpulos manteniendo el sufrimiento animal. Muchos delfines en cautiverio son tratados regularmente con medicamentos para las úlceras o medicamentos antidepresivos para aliviar la frustración del cautiverio.

Las capturas no son delicadas, entre el 30% y el 80% de delfines mueren durante el proceso de la captura, bien porque son lesionados, bien porque mueren por shock o ahogados en las redes de captura, mientras que otros delfines mueren poco después al entrar en pánico. Algunos de ellos, los que han sufrido alguna herida, son dejados a su suerte al ser devueltos al mar, pues ya no son de utilidad para la industria del cautiverio. De los que logran sobrevivir en un primer momento y llegar a destino, el 53% muere en pocos meses debido al verse prisioneros en piscinas de hormigón y enfermedades varias como infecciones intestinales, estrés o envenenamiento por cloro.

En las capturas las madres son separadas de sus crías. Esto les ocasiona una experiencia traumática y negativa a ambos, ya que existe un vínculo entre madre y cría y unos lazos de unión muy fuertes entre los individuos de una manada. La relación materno-filial es fundamental para el crecimiento y el buen desarrollo y relación de la cría con el resto de miembros de su comunidad.

Se ha de saber que la mitad de los delfines capturados mueren antes de llegar a su destino. La tasa de supervivencia de delfines nacidos en cautiverio es muy baja y ninguno de ellos ha podido ser introducido en el mar.

Como todo el mundo bien sabe, los delfines son seres inteligentes. Los delfines son los animales cuya proporción del tamaño del cerebro respecto al peso corporal se acerca bastante a la de los humanos, justo por debajo nuestro y justo por encima de los chimpancés. A raíz de los resultados y conclusiones del trabajo y estudio de Lori Marino y Diana Reiss, el profesor de ética en la Universidad de Loyola Marymount, Los Ángeles, Thomas White, quien ha escrito varios estudios académicos que sugieren que los delfines deberían tener derechos, dice que  «La investigación científica sugiere que los delfines son ‘personas no humanas’ que las cualifica para una posición moral como individuos».

Delfines en cautiverio

Según Lori Marino, neurocientífica y experta en comportamiento e inteligencia animal y en temas de cautiverio de mamíferos marinos, como la terapia asistida con delfines  dice que La inteligencia es más que el tamaño del cerebro, y espero que nos demos cuenta que un simple ranking no refleja la complejidad de la cuestión”. Y zanja diciendo: “Los delfines son animales sofisticados, conscientes de sí mismos, muy inteligentes y con personalidades individuales, autonomía y una vida interior. Sufren física y psicológicamente al confinarlos en parques marinos. Por si fuera poco poseen un lenguaje complejo, urden redes sociales, piensan en el futuro y pueden desvincular la sexualidad de la reproducción, incluyendo la homosexualidad”.

¿Realmente tenemos el derecho para confinar y esclavizar a estas criaturas en delfinarios? 

Problemas de una vida en cautividad

El cautiverio agrupa a delfines de diferentes grupos o comunidades, con lo que no se conocen y no tienen una estructura grupal establecida y han de establecer una nueva jerarquía. En una piscina no hay manera de evitarse y esto lleva a peleas muchas veces agresivas pudiendo causar la muerte del otro delfín. Estas matanzas no son un fenómeno natural, si no que son consecuencia de una condición antinatural para el delfín: el cautiverio.

Factores como el trabajo en exceso, el volumen de la música y el aislamiento de su familia, entre otros, hace que muchos delfines entren en depresión y adopten conductas autolesivas, como golpearse la cabeza contra las paredes u objetos de las propias piscinas que los contienen o suicidándose al dejar de respirar voluntariamente. Llegan a trastocarse psicológicamente también. Pensar en que nos confinasen para toda la vida sin poder salir a la calle. 

Estrés del cautiverio

No podéis dejar de ver el documental: Blackfish.

Los delfines y orcas en cautividad pasan mucho tiempo nadando en círculos (lo que da la piscina donde están cautivos) y flotando quietos en superficie pudiendo caer en depresiones. Los delfines son animales que nadan entre 95 y 200 km al día a velocidades de hasta 45 km/h y bajando hasta 500 metros de profundidad. Las orcas pueden coger velocidades de hasta 56 km/h y sumergirse a 70 metros de profundidad.

El agua del mar de los delfinarios está tratada química y artificialmente. Esto ocasiona enfermedades en la delicada piel de los delfines y, en ocasiones, puede llegar a dejarlos ciegos por el reflejo de la luz solar en la superficie del agua o por estar el agua muy clorada.

Debido a que las piscinas (tanques) tienen una profundidad limitada, los delfines en cautiverio frecuentemente experimentan una sobreexposición al sol, lo que puede resultar en quemaduras solares y ampollas.

Delfines en cautiverio

Los delfines que participan en nado con interacciones, se observan regularmente con heridas persistentes y abrasiones por ser manipulados por los clientes, sus picos en carne viva por empujar a los invitados a través del agua o ser agarrados para besarlos y tomar fotografías. Se observan otras heridas (marcas de rastrillo) como resultado de agresiones por parte de los otros delfines. Además, es común observar a delfines y sobre todo orcas con sus dientes en mal estado, por masticar las paredes o puertas de su tanque como resultado de la frustración.

En el caso de las orcas cautivas, el confinamiento en tanques pequeños conduce al bien documentado “aleta caída” o “Fin flop” en inglés, en las orcas macho, una condición que se observa en el 100% de las orcas macho cautivas y menos del 1% en las orcas macho salvajes.

El confinamiento prolongado en lugares tan pequeños puede provocar depresión y conductas autolesivas. 

orca tilikum
Dientes de orca

Los delfines utilizan la ecolocalización para cazar, inspeccionar su medio y detectar peces, arrecifes, predadores y otros delfines. El hecho de estar encerrados en piscinas, provoca que el sónar sea altamente ensordecedor al rebotar en las paredes de hormigón, de manera que dejan de utilizarlo (tampoco hay mucho que investigar en una piscina de paredes peladas); para hacernos una idea es como tener a una persona encerrada y con los ojos tapados.

Han de aprender y aceptar el pescado muerto y, además, de la mano del ser humano, cuando en realidad están acostumbrados a cazar el pescado vivo por ellos mismos. Debido a esta dieta pobre en nutrientes (pescado muerto y previamente congelado, necesitan un aporte de vitaminas (cápsulas introducidas en las branquias de los peces), además de agua dulce. Esta se les suministra inyectada en el pescado o bien se les proporciona en forma de gelatina. En última instancia, se les suministra directamente a través de un tubo que va directamente al estómago del animal.

Orca Ulises

Esta es nuestra querida orca Ulises, llegada al Zoo de Barcelona en 1983, en el cual estuvo 11 años.

Actualmente trabaja en el «SeaWorld» de San Diego, California.

 

Agradecemos a las siguientes fuentes bibliográficas:

Tierra de delfines

Dolphin Project

BBC news

Oceansentry.org

 

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